Sexo en el cementerio
Caminábamos sigilosamente por aquel oscuro y siniestro lugar. Un cementerio nunca me había parecido apropiado, y menos, de noche.
Pero tampoco estaba dispuesta a determe y dejar de seguirlo a él.
La luna llena bañaba la mitad del campo santo, nuestras sombras nos perseguían como tímidas criaturas queriendo pasar desapercibidas.
Estaba absolutamente agotada. Llevábamos andando horas.
- Creo que podremos descansar un rato aqui...- dijo Severus delante de una hilera de tumbas realmente antiguas.
- De acuerdo...- respondí obediente y me senté a su lado.
Snape respiraba entrecortadamente dado el esfuerzo realizado durante todo el día. Unas gotas de sudor resbalaron de su barbilla
pálida. Una barbilla que parecía fabricada de marfil.
Observé con parsimonia cómo las gotas de sudor cambiaban la tierra sobre la que caían. Al levantar la cabeza, Severus se pasaba la
lengua por los labios en un gesto inconsciente.
No sé porqué, pero aquello activó dentro de mi una especie de demonio.
No podía más... No aguantaba ni un día más sin saber a qué sabían esos carnosos labios. No podía seguir imaginándome cómo de cálidas
podrían llegar a ser sus mejillas, sus manos, sus dedos...
Nuestras miradas se cruzaron en medio de un silencio intenso. Tuve la sensación de que estaba leyéndome los pensamientos...
Sus ojos negros brillaron de una forma extraña y, de repente, se acercó lentamente a mi.
Aquella reaccción me tomó por sorpresa y me quedé petrificada. Cuando sus húmedos labios sellaron los míos, una corriente de electricidad
recorrió hasta el último recoveco de mi cuerpo. Su lengua inundó mi boca y reacciné. Le agarré con las manos la cabeza y jugamos con nuestras lenguas.
La saliva resbalaba por nuestras barbillas. Snape me aarancó la túnica con violencia mientras me mordía los labios. Se me escabó un leve genido mientras me tumbaba
en la lápida agrietada en la que estábamos sentados.
- Severus...- gemí con fuerza mientras me iba desnudado del todo.
Se deslizó hasta mi entrepierna y me separó las piernas con fuerza. Bajó la cabeza y dio un lametón a mis bragas mojadas. No se contuvo más y las arrancó con la boca.
Empezó a acariciar levemente mi vagina deteniéndose en mi clítoris endurecido por la excitación. Jugueteó un poco más con mis labios inferiores y comenzó a succionar
mis jugos vaginales. Cuando me hizo llegar al 3º orgasmo pareció quedar satisfecho.. de momento...
Se subió sobre mi y con la túnica aún puesta, sacó su pene. Lo rozó contra mi dilatada vagina y lo noté tan candente que a punto estuve de correrme de nuevo.
Me tapó la boca con una mano y comenzó a penetrarme lo más violentamente que podía.
Escuchaba sus jadeos y eso me excitaba más aún. Cuando llegó a la cima del placer, lo hizo dentro de mi. Sentía cómo su semen inundaba las paredes palpitantes
de mi vagina y se quedaba dentro, haciéndose cada vez más pequeño tras la eyaculación.
Escrito por Jessica
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